Otra vez la sangre roja se cuela por la fisura de una herida en algún lugar de mi interior.
Nuevamente succiono su veneno colorido, anaranjado, yodado por el vago recuerdo de una noche casi solitaria. Casi solitaria de no ser por la lluvia y por la compañía de mis zapatillas empapadas que chirriaban divertidas como niñas. Casi sola de no ser porque pretendía encontrarte en la siguiente esquina; para reír contigo; donde nunca aparecerías.
Te lo conté luego y te imaginas abordándome en cualquiera de esas esquinas, con tus propios zapatos chirriantes, con nuestras propias risas locas.
Pero solo la imaginación no basta, porque otra vez la sangre naranja se cuela por la fisura de una herida que me hice un día de lluvia, cuando mis zapatillas chirriaban de felicidad y yo lloraba por las gotas que no caían sobre ti, en ninguna de las esquinas de aquella larga noche de Junio.
(27/03/08)
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