
Mojándose con la lluvia que no paraba de hacerle cosquillas en todo el cuerpo, comenzaba a reír, en un susurro bajito, pero intenso. Control, apretaba los labios para no soltar las carcajadas de “la nada”. Caminaba sola y ¿de qué podría reírse alguien que iba mojándose, empapada, y sola por la calle?
Estaba segura de que las personas notaban su alegría, era absolutamente evidente, la miraban extrañados cuando pasaban por su lado con sus paraguas oscuros o demasiado coloridos.
(...)El solo hecho de recordar esa noche de lluvia le da risa. Más que risa, es felicidad. Felicidad que se escapa de su boca con deseos de volar, saltar, flotar, viajar y reír. Felicidad de locos, que le gana a la razón y que perfuma la piel porque sale por los poros.
...soñando lluvia risueña, oyendo su canto noctámbulo. Sonidos y composiciones musicales creadas sólo para mi, eso si que era mío, mi lluvia, mi felicidad y la alegría de una niña cosquillosa y soñadora.



